085 – La gente, las alergias y la alergia a la gente

Historia Amarilla

 

Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

 

Cuando me levanté el día de mi cumpleaños 35, lo primero que recibí fue un mensaje de Michelle, la valiente que una vez se fue de viaje conmigo, y con quien viví la aventura de la mariposa llamada Gahel del episodio 15, que te dejo los enlaces en las notas del programa para que lo escuches. Me alegró un montón, lo vi mientras trabajaba y me trajo una sonrisa grandota. Por alguna razón, me recordó una anécdota específica del viaje, que te cuento ya mismo…

 

Bitácora de aventuras, edición La gente, las alergias y la alergia a la gente:

Historia amarilla

       Un día estábamos en la capital de Tailandia, y decidimos salir de noche a comer. Traté como mil veces de decirle al mesero sobre mis alergias, no hablaba mucho inglés, así que entre dibujitos y un app de traducción, hice mi mejor intento. Al parecer, nunca entendió, porque a mitad de camino de un eggroll delicioso,  un camarón me saludó. 

       Yo me levanté casi sin pensar de la mesa, porque ese día en particular había dejado mis pastillas de alergia. Juré que le explique a Michelle, pero no estaba segura. Solo me paré y salí corriendo casi del restaurante, porque no me daba break de explicarle al mesero, que no había entendido que los mariscos me daban alergia, que tenía una reacción alérgica, y necesitaba pagar para poder buscar la medicina; y le dije a Michelle caminando a la salida: "no puedo esperar, quédate a esperar la cuenta". 

       Salí corriendo a la avenida y busqué en mi celular una farmacia cercana. Para mayor bendición, mi celular funcionaba en ese país, así que pude usar el internet para buscar en el mapa de google. Más o menos identifiqué una, y pegué a caminar. 

       Los letreros estaban en tailandés y los negocios estaban bien juntitos unos de otros, así que, obviamente, me perdí y entré en dos o tres negocios que no eran. Ya empiezo a sentir la piquiña en la garganta, pero la ignoro lo más que puedo, mientras sigo de negocio en negocio usando google translate para pedir "pastilla, alergia, mariscos, muerte", que eran las 4 palabras que me parecieron más adecuadas para la ocasión. 

       Finalmente llegué a una farmacia, y entre una cosa y otra, logré explicarle a la persona del counter, y me recomendó una medicina que nunca había visto y que tenía mil letras que no entendía, pero dije bueno, todo va a estar bien, me trajeron hasta aquí. Me la tragué con saliva porque hasta el agua dejé con la prisa. 

       Traté de regresar lo más rápido posible, porque la muchacha de la farmacia me dijo con google translate que la medicina daba mucho mucho sueño, ya después de que me la había tomado, y estaba sola, lejos del restaurante. Tú sabes, todos los powers del papelón, como me distingue.

       Finalmente, llego al restaurante y Michelle me ve y corre hacia mí con una mezcla de llanto con insultos y 20 "¡puñeta me asustaste, no estoy bien!" Yo no sabía que le daban ataques de ansiedad y justo le provoqué uno, y ella también había dejado el medicamento que la ayudaba, pero no se atrevía a moverse esperando a que yo regresara. 

       Después de 20 perdones, y explicarle dónde estaba y qué había pasado, y ella contarme los 20 escenarios que imaginó, me di cuenta de lo fucking insensible que puedo ser a veces. 

       Yo vivo en mi pequeña burbujita, y como tengo la certeza de que todo va a estar bien, improviso mucho, sin pensar que los demás no viven dentro de mi burbujita y no leen mis pensamientos, y que muchas veces simplemente no me explico bien, y asumo que todos me entienden todo lo que pienso, digo y hago. Aprendi un monton en ese viaje…

 

Del dano que he hecho sin querer…

A abrirme a otros…

Y a entender, que el mundo entero no funciona como funciona dentro de mi burbujita... 

 

       O que al menos debo meter a la gente dentro de mi burbujita antes, para ser más considerada. Después de que cada una dijo las 20 cosas que tenía que decir, nos morimos de la risa por el sendo papelón innecesario que acabábamos de vivir, pero qué te puedo decir, son los mejores recuerdos siempre. 

       Michelle no toma alcohol, yo en ese momento de mi vida andaba con una cerveza o un palito, de lo más feliz,  a donde quiera que fuera, no era un problema, creo. Cuando pedí mi cerveza, ella se montó y pidió la suya. Obviamente, en la emoción del brindis porque todo salió bien, se me olvidó la nota que apenas empezaría a subir en mí por el efecto de la pastilla, y no estábamos cerca del hotel. Nos dimos la cerveza, terminamos de comer y tuvimos una de las mejores cenas del viaje. Nos montamos en un tuk tuk de regreso. Justo ahí, la nota me explotó. 

       Esa ciudad tiene muchas luces, y en todo el camino yo lo único que podía ver era el rastro de los neones, que formaban dibujitos con el pasar del tuk tuk. Fue una de los recorridos más hermosos de mi vida, parecía de película. En medio de mi nota, me alegré tanto de tener a alguien conmigo, y poder estar vulnerable sin preocuparme, porque había alguien ahí. A mi me costó tanto aceptar la invitación de hacer esa parte del viaje juntas, a mi me encanta estar sola, para mi todo es más fácil sola. 

       Justo en ese momento, empecé mi nuevo viaje hacia aprender a compartir más mis experiencias, y a compartir con otras personas más a menudo. Ese viaje me hizo ser mejor persona. Y creo que no hubiera logrado ser una novia hecha y derecha como soy ahora si no hubiera sido por esa compañía. 

15 de enero de 2021

       Ese mismo día de mi cumpleaños hicimos un par de cosas que necesitábamos hacer Miguelo y yo, y cuando terminamos,  decidimos ir a Piñones, un lugar hermoso en la playa en Puerto Rico, en donde hacen las mejores frituras del planeta. A mi me encantan las frituras. Para variar un poco, ese día nos sentamos en una mesa a comer, siempre compramos las frituras y nos vamos al mar, pero ya era tarde y decidimos quedarnos. Me traen mi alcapurria, y a mitad de camino la miro bien y me doy cuenta de que era de jueyes. Estaba tan fucking deliciosa y tenía tanta hambre que yo ni me detuve a mirarla. Llamé a la muchacha rápido y le pregunté si era de jueyes y me dijo que sí.  Miguelo sin pensarlo casi me dijo: "ay dios mío, como el día de Michelle, ¿que hacemos?" Y antes de que él terminara de hablar, yo saqué mi potecito de benadryl de la mariconera, que va conmigo a todas partes a petición de Michelle y me empepé rápida y debidamente. Tuve un cumpleaños ennotado, fue interesante. Me dio mucha gracia, lo último que pensé al cerrar los ojitos por la nota fue que augusto, y el combete de guías, a manera de recordatorio de aquel hermoso día, me hicieron empezar y terminar el día con Michelle, por eso de confirmarme, que abrirse y dejar entrar a otros no es tan malo na', y los beneficios que tiene para todos. Ese mismo día, rompí uno de mis grandes miedos a la gente, y me regalé de cumpleaños #35 hacer mi primer live. Lo grabé a través de Instagram y de YouTube simultáneamente, y tuve 20 papelones, pero me encantó. Una vez más comprobado, abrirse y darse, no es tan malo na'. Y hablando de regalos y abrirse, esta semana también lancé mi segundo podcast, Sanando con tu duende. Este año me aseguré de regalarme regalar conocimientos de Augusto por todas las vías posibles. Ya les iré contando. 

 

Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios. 

https://linktr.ee/natalita_

Episodio 15 - Una Mariposa llamada Gahel - https://bitacoradeaventuras.libsyn.com/015-una-mariposa-llamada-gahel 

Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!