000 – Te Cuento, por encimita

Bitácora de Aventuras, Edición Te Cuento (por encimita):

En mayo de 1992 sostuve un micrófono en las manos por primera vez, no recuerdo gran temor, mas bien quería hacer todo lo que estaba practicado, por esa época una de mis preocupaciones principales en la vida era seguir las normas establecidas, pues me libraba de tener mayores interacciones con otras personas, y de recibir instrucciones y/o regaños.  Cabe destacar que Aladdin sería el “hit” de ese verano y yo, que soñaba ser la princesa Jasmine, veía en el pañuelo azul verdoso, transparente y con lentejuelas (que colgaba de mi dedo como parte de la ropa que nos escogieron para la actividad de graduación) la oportunidad de ser ella por un día. Sabía que sería el último día que lo usaría frente a un público, y había que aprovechar la ocasión, nos preguntaron qué seríamos cuando grandes, y cada uno tuvo su turno en el micrófono.  Yo agarré el micrófono con una mano, y agité el pañuelo con la otra mientras hablaba, solo recuerdo contestar “marinera” y tratar de estirar la conversación para poder agitar el pañuelo un poquito más. Lo más gracioso de todo el asunto es que todo estaba grabado, así que solo en mi cabeza se estiró la conversación, sostuve el micrófono y conté mil historias.  

Tengo la teoría de que si me parara frente a esa niña hoy no se daría cuenta de que soy ella unos años  después, porque aunque lo más cercano de la “marinería” que he llegado a estar ha sido navegar en un kayak, todavía me visto de Jasmine de vez en cuando, me encanta contar historias, me meto en mis pequeños mundos a hacer historias paralelas, y la verdad es que no he crecido la gran cosa (ni en estatura ni en edad real).  

Mi nombre es Natalia, me dicen (y me siento) Natalita, y convivo con la pequeña Natalita y su duende, el Gran Augusto. Entre las tres contamos historias (guiadas por Augusto).  Mi intención con este proyecto, que anda en formación hace unos años, es contar historias, y con ellas traer sonrisas, a veces risas, y otras veces ojos grandes (vergüenza ajena y todo lo que venga),  porque le encuentro el chiste a todo (hasta a lo que algunos me cuentan que no debería dar gracia). Quizás por eso de darle realidad a aquella profesión a la que nunca me dediqué (por el momento, nunca se sabe), las historias que he estado contando terminaron por llamarse bitácoras, historias contadas por una eterna niña feliz, para todos los otros niños eternos (que pretendo encontrar y concentrar). 

19 de octubre de 2019 

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¡Nos vemos otro día que no va a ser hoy!