Bitácora de Aventuras, edición El Coronavirus

Historia Violeta

Les cuento esta historia desde mi normal aislamiento, que ahora comparto con millones alrededor del mundo. Yo hablando de las enfermedades, sin saber que pronto todos estaríamos en el mismo barco. Y hasta aquí mi intervención sobre el coronavirus, para eso, atento a las noticias en tu respectivo rincón del planeta, y a cuidarnos mucho.  Hoy estoy aquí para hacer mi parte, y contarte una historia que, aunque sea por unos minutos, te aleje de la realidad y te traiga una sonrisa. ¿Listos? ¡A La Princesa! Historia violeta…

El otro día, en medio de un mar de noticias que parecían no tener una onza de buenas noticias, Augusto me recomendó apagar la lectura de noticias para ir a jugar en el balcón, y a crear nuestro plan en el proceso.  Allá me senté con libreta y lápiz en mano, lista para recibir el plan para prepararme. Justo me estoy sentando al lado de Chayita Georgina, y me dice: “recuerda preparar el té“. Me levanto y camino a la hornilla, y me interrumpe de nuevo, “recuerda cosechar las hojas” y digo “verdad es“, y camino al balcón otra vez, en la cosecha estoy cuando me dice “recuerda agradecer la cosecha mientras cosechas las hojas“, y así lo hice, besitos a todas, y risas por besitos a todas, no logro ser así de cariñosa con mis otros compañeros humanos, pero que fácil se me da con ellas, quizás porque no me pueden abrazar, que ansiedad me dan los abrazos.  

Termino de cosechar y pongo a hervir el agua, enjuago las hojitas, y regreso a sentarme con Augusto a hacer El Plan. Casi llego al piso en mi intento de sentarme y me dice “pusiste el agua a hervir, pero no añadiste las hojitas“, me levanté casi de rebote, y allá me fui a echar las hojitas a la olla. Me estoy virando para regresar a sentarme y Augusto me dice “¿no vendría bien una manzana con el té? Visualicé la escena, y fue tan perfecta, que me puse a cortar la manzana. De camino me dice “no olvides mantequilla de maní“. Me siento a comer la merienda en lo que el té está listo, y me dice: “¿recuerdas cuándo fue la primera vez que comiste manzana con mantequilla de maní? Estabas en california, acababa de pasar el huracán María, tenías un poco de ansiedad de regresar, aunque no dijeras nada, te sentías traicionera pasándola tan bien mientras tanta gente la pasaba tan mal, y a la misma vez eras egoísta y te sentías aliviada de ser tú quien estaba bien. Comiendo esa manzana, tuviste una idea de lo que sería una de tus meriendas oficiales durante la crisis, y sentiste miedo y 3 años después, se convirtió en la mejor opción para aplacar los síntomas en tu enfermedad misteriosa. No le dices a nadie, pero se convirtió en tu lugar seguro esa merienda, porque te hace sentir de vuelta en una casa en la que fuiste querida, recibida, protegida, distraída, y todos los ‘idas que te puedas imaginar, en un momento de tanta incertidumbre. El té debe estar listo, apaga la hornilla, y déjalo reposar.” 

Me fui a apagar la hornilla, voy de regreso y doy la media vuelta después de su “¿lo moviste? Sabes que queda mejor si lo mueves antes de dejarlo reposar, ve, muévelo“. Y así lo hice, y la casita se inundó de olor a jengibre y hierbas. Finalmente me siento, y me dice: “Anota, Paso 1, conseguir comida no perecedera, sin acaparar y dejar a los demás desprovistos“, anoto y tacho, y le digo “listo”. Continuó: “Paso 2“, y le interrumpo:  “espérate Augusto, ¿comida para cuanto tiempo? A lo que contestó: “No te preocupes, lo que tengas, será suficiente. Paso 2, subir las defensas y cuidarte, lo que me recuerda, ve y verifica el té, ya debe estar listo“. 

Me paro, levanto la tapa de la olla, otra vez la casita inundada de olor a jengibre, y estoy disfrutando el olor cuando escucho a Augusto decir en la distancia, no porque él estuviese lejos, esta vez  me metí demasiado en el aroma: “¿recuerdas la primera vez que preparaste un té para alguien en esta casita? Estabas en medio del caos de tu tesis escrita. No sabías qué iba a pasar, y verdaderamente hiciste lo que te dio la gana cuando la escribiste, joder, hasta tu canción favorita de rap ocupa una página en la tesis, y estabas a unas horas de, no solo presentarla impresa, si no de ir más allá y ponerle el video con la letra impresa a un grupo de arquitectos con corbata. Para terminar tenías planes, como parte de la presentación, de analizar la letra y el video, dándole pausa al video mientras la leían, para compararla con una de las teorías que usaste de base, y teorizabas que todo se daría teniendo de frente un grupo de gente con cara de confundidos y de ¿qué carajo se cree esta? Y de hecho, así exactamente fue. Le pediste a un amigo artista que fuera tu director de tesis, y para agiliazar el proceso y explicarle todo de camino, se quedó en la casita, que mágica mañana, que debió ser de caos, en la que cocinaste uno de los mejores desayunos y colaste té hecho con hojas de la casita. ¿Te acuerdas de que era el té?

Era de albahaca morada“, lo interrumpí para responder, saliendo de la nube en la que estaba por el aroma. Continuó Augusto: “jamás habías probado la albahaca morada, la encontraste esa semana de casualidad y la trajiste, siempre traes plantas nuevas al balcón en medio de una crisis. Fue ella quien te ayudó a pasar esa última semana de escritura con fecha de expiración, la última de esa clase. Quizás por eso la escogiste para que fuera tu té de esa mañana, fue más especial que cualquier otra bebida que hubieses podido escoger“. Sonreí feliz, tenía razón, lo había olvidado, a veces olvidamos el camino y solo recordamos los finales, cosa loca. 

¿Vas a querer té Augusto?”, le pregunté, y me dijo: “estoy bien“. Y en eso se baja la pequeña Natalita del lazo en el que estaba,  sale corriendo a sentarse al lado de Augusto, y me grita desde allá: “¡yo sí quiero! ¡En la tacita amarilla que me gusta!” La miro con ojitos pequeños como de molestia, pudo fácilmente haberse servido y llevado su tacita. Me mira, se sonríe, y coge mi papel y lápiz y se pone a hacer dibujitos en el espacio en el que debía escribir el Paso 3, que en un momento me daría Augusto. Termino de servir y colar los teses, los llevo al balconcito, me siento, le pido la libreta a la pequeña Natalita y me mira con los ojitos imposibles de resistir,  me paro a buscar otro lápiz para, sin remedio, escribir a la vez que ella dibuja. Me siento, “bien Augusto, Paso 3”, y me interrumpe para decir: “Ahora que huelo el de ustedes, sí quiero té, ¿me buscas un poquito?” Me levanto otra vez a buscar el té, y me dice desde allá: “¿Recuerdas cuando hiciste tu primer viaje sola? Antes de eso, ir por un café no tenía el mismo valor que tiene ahora, sentarte a volar por la cafeína, y escribir en esa nota, fue el remedio para todo pensamiento de temor por irte a un país desconocido sola que te pudo pasar por la cabeza. Podríamos decir que, básicamente, tus viajes sola han sido para sentarte a escribir en lugares desconocidos, con bebidas desconocidas, a veces café, otras té, otras jugos. ¡Que muchas cosas has probado! ¡Que buenas cosas han surgido de ese miedo nunca antes confesado de viajar sola!” 

Así mismo es, el miedo fue suplantado por tardes de escritura“, le digo mientras me siento con su tacita de té, la mía acaba de dejar de soltar humo, el tiempo fue perfecto para empezar a tomarlo, y le digo “bien Augusto, Paso 3, cuéntame”. “Sí, sí, sí, Paso 3, quedarte en casa tomando el té lo más posible, si no hay que salir, ¿para qué dejar este hermoso espacio? Mira, Chayita tiene un nuevo retoño, la zanahoria casi está lista. ¿Te acuerdas cuando cosechaste tu primera zanahoria? No tenías idea de cómo sembrarla, perdiste mil semillas, no sabías distinguir cuando algo estaba listo o no.  De hecho, todavía no sabes bien, y la mitad de las veces no cosechas por miedo a dañarlo, o por miedo a que sea la última cosecha, que no se vuelva a dar ninguna planta, y pierdas esa alegría“. 

Es verdad“, lo interrumpo, “¿Paso 4?“, a lo que respondió: “Paso 4: aceptar que has tenido miedo mil veces, y que tarde o temprano, todos los has superado, a veces sin darte cuenta, otras a propósito, y otras veces los revisitas, pero, ¡que maravilloso es mirar atrás, y recordar que al final, pase lo que pase, todo va a estar bien!

13 de marzo de 2020

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