081 – Cuidado, no miedo

Historia Violeta

 

Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

Bitácora de Aventuras, edición Cuidado, no Miedo:

Historia Violeta

       El otro día andaba estudiando con mi hijastra, y la dejé haciendo una tarea mientras yo trabajaba un ratito. A mitad de camino quise hacer una pausa, soy la reina de las pausas de 10 minutos para recargar y, aunque algunos no me lo crean, salgo nueva sin necesidad de cerrar los ojitos mucho rato. Creo que se trata más de desconectar realmente por unos pocos minutos que de descansar mucho rato. 

       Obviamente, la nena se me vino detrás al cuarto. Cuando estaba enferma, tenía que hacerlo más a menudo, y ellos se acostumbraron a "venir a curarme". Cuando entró le dije, voy a meditar un momentito, ¿quieres? Y sin pensarlo dos veces se tiró al lado mío. 

       Cerramos los ojitos, y Augusto se acostó entre las dos. Un segundo después, estábamos en la playa. Fuimos caminando y sintiendo la arena de la playa, como ahora estábamos en la playa, el calor nos dejó de molestar, porque empezó a llegar la brisa y nos refrescó. Augusto sugirió meternos al mar y salimos corriendo a lapachar en la orilla. Estábamos lapachando felices, cuando vimos una tortuguita en el agua. Nos dijo algo, pero no la entendimos, solo Augusto la entendió, Augusto habla todos los idiomas posibles. Nos dijo que ella nos invitó a dar una vuelta, y que si estábamos debajo del agua, la podríamos entender. 

       Mi hijastra y yo nos acostamos en la orilla, y frente a nosotras saltaron la pequeña Natalita y la niña de la tribu de JAN. Nos tocamos frente con frente, y de inmediato nos fusionamos, cada una con nuestra versión miniatura, y a partir de ese momento, cuando la pequeña Natalita se movía, yo lo sentía. Cerré mis ojitos, y todo lo que ella veía yo lo podía ver también. Igual le pasó a mi hijastra, que estaba toda emocionada de poder ver a través de los ojitos de alguien más. Augusto nos ayudó a conectarnos, para que pudiéramos experimentar todo, pues la niña de la tribu de JAN y la pequeña Natalita pueden respirar debajo del agua, así que era la mejor manera para explorar. 

       Nos despedimos, y mi hijastra y yo nos acostamos en la orilla, mientras la tortuguita, Augusto, la pequeña Natalita, y la niña de la tribu de JAN se adentraban en el mar. Nos sonreímos emocionadas, y cerramos los ojitos, para irnos en la aventura con ellos. Se sumergieron en el mar, y tan pronto estuvieron bajo el agua, pudieron entender todo lo que decía la tortuguita. La tortuguita empezó a darles el tour, señalando cada criatura y diciéndoles el nombre que tenía debajo del mar. 

       El agua empezó a cambiar de colores, la pequeña Natalita la veía azul, la niña de la tribu de JAN la veía rosita, y Augusto verde. Cuando le preguntaron a la tortuguita, ella les dijo que la veía amarilla. Augusto les dijo que el agua, como tantas otras cosas, se ve según cada cual la vea, y que era más fácil entenderlo cuando se adentraba uno a las profundidades del mar. 

       De frente, a lo lejos, vieron acercarse  un grupo de peces de colores. Nadaban juntos de arriba a abajo y formando círculos, cuando los vieron, empezaron a nadar en círculos a su alrededor, luciendo los colores y haciéndoles chistes, pero hablaban bien rápido y todos a la vez y a diferentes tiempos, y aunque todos contaban el mismo chiste, no se entendía nada, solo las risitas de todos se distinguían. Aunque no entendían nada, las risitas les daban gracia, y terminaron riéndose también. Dieron unas cuantas vueltas y siguieron su camino. 

       La tortuguita siguió adentrándose, y ellos detrás, y se detuvieron frente a una familia de ballenas, que estaban enfocadas cantando y no los vieron. Intentaron cantar con ellas, pero su canto es difícil de imitar, y con su intento, hicieron que las ballenas se salieran de su trance, confundidas. Los saludaron, sonrieron, y siguieron nadando, cantando mientras se alejaban, convirtiéndose en puntitos en la distancia. 

       Siguieron nadando, hasta llegar a un punto en el que casi no entraba luz. Sintieron un poco de temor, porque escuchaban muchas criaturas a su alrededor, pero no veían nada. Y la tortuguita y Augusto dijeron a la vez: "no hay nada que temer, no lo olviden, no hay nada que temer". Se agarraron todos del caparazón para no separarse, y la tortuguita siguió nadando. Poco a poco, la oscuridad se fue yendo, y fueron viendo todo a su alrededor otra vez, iban más rápido, nadando sobre el caparazón de la tortuguita, que se puso a bailar y dar vueltas en el camino, hasta detenerse abruptamente. Augusto les dijo "no lo olviden", y frente a ellos, se acercaba lentamente un tiburón gigante. La pequeña Natalita y la niña de la tribu de JAN miraron a la tortuguita como tratando de entender por qué no se movían, y quisieron moverse ellas, pero recordaron "no hay nada que temer, no hay nada que temer", y se quedaron tan quietas como la tortuga. 

       El tiburón les pasó por el lado, les sonrió con todos sus dientes, y siguió nadando. Cuando se alejó, todos se echaron a reír, "no hay nada que temer, hasta un tiburón puede sonreír con todos sus dientes". Rieron un buen rato, y un cambio de luz en el agua les hizo saber que era hora de regresar. La tortuguita los montó en su caparazón, y nadaron a toda prisa hasta llegar a una especie de torbellino. La tortuguita les dijo que era una corriente, que les ayudaría a regresar, pero que era importante dejarse llevar sin resistencia, porque si ponían resistencia podían cambiar el rumbo sin querer y terminar en otro lugar. 

       Lo hicieron tal como la tortuguita dijo, se montaron en la corriente, y se dejaron llevar como si fueran hojas al viento. En menos de un minuto, estaban en la orilla, y se acostaron entre medio mío y de mi hijastra a descansar. Unos segundos después, todos abrimos los ojos y estábamos en la cama, listas para volver, ella a sus tareas y yo al trabajo. 

       Unos días después estábamos en la casa y la niña salió corriendo del baño asustada y gritando: ¡hay una araña! Yo la miré y le dije: no hay que tener miedo, hay que tener cuidado. Y ella me miró y me dijo: "¡como dijo la tortuguita!" Y yo le contesté: "exacto, yo voy a estar al lado de la puerta por si necesitas, pero vas a estar bien". 

       Una semana más tarde estábamos trabajando en la finca, y ella brincó hasta donde yo estaba y de vuelta a su papá, y estuvo de lado a lado. En una me mira y me dice: "¡Viste! Soy valiente, brinco, no tengo miedo, tengo cuidado!" Que rápido se manga todo a esa edad, nacemos sabios y lo olvidamos al crecer. 

25 de octubre de 2020

Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios. 

 

https://linktr.ee/natalita_

 

Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!