065 – La Frustración

Historia Violeta

Ayer me puse a ver un documental que solo me recordó cosas que ya sabía, y que quizás de alguna manera trataba de ignorar para no bregar con tristezas y otros sentimientos que no me gustan. Creo que ese sentimiento de incertidumbre al pensar en el cambio climático es natural, al menos yo, no dejo de pensar en lo que le dejamos a los que se quedan. Ver la imagen completa puede ser abrumador y, por lo menos a mi, lo más que me afecta es el sentimiento de impotencia, de no poder controlar las acciones de todos, esas acciones que, a mi entender, hacen falta para lograr los cambios necesarios. En medio de ese diálogo andaba orita, pero tengo la suerte de habitar con unas cuantas versiones de mi misma, y con el Gran Augusto, que siempre me ayudan a ver posibilidades diferentes....

Un poco frustrada y llena de impotencia, me senté a tomar el café en una esquinita al lado de las plantitas, para mirarlas. Es de las medicinas más efectivas para apagar las tristezas en el cerebro un ratito y pensar en otras cosas. Augusto buscó su tacita y se sentó al ladito mío, en silencio. Por más que quisiera estar bien, hay días que lo que uno quiere que sea, no es, y eso no los hace mejores ni peores días, solo diferentes, y si así es que se siente uno, pues eso fue lo que trajo ese día.

Tal como me enseñó Augusto, en la media de colar puse un poco de harina de café, un poco de canela, y un toque de preocupación e impotencia en polvo, y le tiré agua hirviendo por encima. Los sentimientos hay que vivirlos todos, y si alguno te gusta menos que otro, tienes que mezclarlo con algo que sí te guste para que sepan ricos, así se cuelan junto con el café, o con el té, o el jugo, o lo que escojas, y se toma a sorbitos para irlos procesando poco a poco. Respirando el humito que soltaba la impotencia y viendo los jueguitos que hacia el humito con el viento del Balconcito de la Felicidad estaba, cuando vi un lagartijo frente a mi.

Es mi animal favorito en el mundo, en el otro extremo de las cucarachas, que son el animal que menos me gusta en el mundo. Lo más curioso, es que aunque siempre me gustaba, se hizo mi animal favorito en el mundo un día que estaba estudiando tarde en la noche (como siempre, si es que eres estudiante de arquitectura) y en medio de mi frustración por no ver el final de la tarea que tenía para el siguiente día, y el sueño que no aguantaba, se me paró una cucaracha gigantesca de frente, mirándome, casi como un reto. Mi primer impulso fue llorar (por esa época lloraba bastante, la falta de sueño al parecer te pone sentimental, y en esa época la falta de sueño era la norma), después llamé a mi hermana mayor (que estaba en Mayagüez, al otro extremo de la isla, todavía no sé ni por qué, no era como que podía venir a sacarla desde allá, pero bueno, la lógica del frustrado y amanecido), y obviamente me dijo: "pues mátala". Claro, que sonaba como una decisión lógica y sencilla, pero dentro de mi falta de amor por ellas tengo una contradicción gigante, y es que no las puedo matar, lo he hecho, pero no sé qué me da más sentimiento, si tenerlas cerca o matarlas. En esa indecisión andaba, y ella quieta mirándome, y de repente me brinca un lagartijo al lado, y me mira fijo, y mira la cucaracha, y vuelve y me mira fijo, y sin quitarme la vista de encima saca la lengua y se come la cucaracha.

Se quedó mirándome fijo, y yo tratando de entender, la cucaracha era más grande que él, pero lo logró. Juraría que me sonrió, y se fue victorioso, pues me había rescatado del llanto y la frustración de esa madrugada. Desde entonces, los lagartijos y yo somos inseparables, y se imaginarán  la felicidad que sentí cuando finalmente comenzaron a llegar al tercer piso en el que vivo, se tardaron como 2 anos, pero llegaron.

Estaba mirando el lagartijo, y recordando esa historia de uno de sus primos lejanos, y dándole las gracias otra vez, cuando noté que la pequeña Natalita se tiró de un brinco del lacito en el que estaba. Normalmente, la pequeña Natalita se acuesta a dormir cuando me ve intranquila, y me deja vivir ese momento sola, pero parece que me veía tan mal que quiso ayudar. En realidad, cuando uno esta así como tristón, bregar con la pequeña Natalita puede ser un poco aborrecedor, pues siempre está contenta, siempre está inquieta, y es como si no entendiera que a veces hay que detenerse un ratito. Traté de explicarle que no era el mejor momento, que estaba tratando de pensar qué hacer, ahora que ya nada volvería a ser lo mismo, pero me miró con carita de incomprendida, hizo un dibujito en el aire con el humito de impotencia que soltaba mi tacita de café, me tiró un besito, se río y se paró frente al lagartijo.

El lagartijo me quitó la vista, la miró a ella, y brincó para el tiesto de al lado. La pequeña Natalita se fue riéndose a perseguir al lagartijo, que ahora brincaba de tiesto en tiesto. Me quedé mirándolos un rato, me daba más gracia que otra cosa el brincoteo que tenían. La pequeña Natalita es bastante torpe, a veces se me olvida porque no me detengo a mirarla. Se emociona tanto que no piensa a cabalidad las cosas, y se tropieza y se cae a cada rato, siempre tiene el trajecito manchado o con algún agujero, y yo la ayudo a coser un parchito para cerrarlo, porque cuando un trajecito le gusta no hay quien la haga quitárselo. Ella insiste en que se ve más lindo así, y a decir verdad, últimamente he estado poniendo parchitos yo también, remendando y reusando todo.

Se trepó hasta la punta de Chayita, que es el arbolito más grande del Balconcito de la Felicidad, y tratando de seguir al lagartijo y brincar al otro tiesto, terminó volando por el aire y cayendo reventada en el piso justo frente a mi. Yo andaba tan distraída pensando en los parchitos que no la vi a tiempo. Cuando la fui a ayudar a levantarse estaba llorando en el piso acostada, y me sacudió la mano para hacerlo sola, es bastante terca, creo que en eso somos iguales. Mientras se sentaba el llanto fue cambiando por una carcajada contagiosa que hizo que terminara yo riéndome también de la reventada que acababa de darse. Se enderezó, y vaya usted a saber, detrás del lagartijo se fue otra vez, esta vez cerca de la baranda, y arriesgándose a una reventada mayor. Quise detenerla, pero la di por loca. Al final, ella sabe exactamente lo que puede pasar, y está dispuesta a arriesgarse, con tal de disfrutar el juego con el lagartijo. El juego es lo único que le importa, bueno, no lo único, lo más que le importa.

De repente, veo a la pequeña Natalita buscando como una loca entre tiesto y tiesto al lagartijo, que fue más rápido que ella y se le escondió. Me iba a parar a ayudarla a buscarlo, y cuando me fijo, el lagartijo estaba parado frente a mí otra vez, sonriéndome. Los lagartijos son seres de luz y paz, ellos no hablan, casi no interactúan, solo te miran y sonríen, es como si supieran algo que tú no sabes. Para algunos puede ser desesperante, pero a mí me gusta de vez en cuando no saber qué vendrá, o qué piensa alguien más, solo mirar y sonreír; y esperar lo mejor en todos en el proceso.

Augusto se levantó y llamó a la pequeña Natalita, que vino corriendo sacudiéndose el trajecito, me tiraron un besito cada uno, y se subieron al lacito a descansar, justo ahí me di cuenta de que ya atardecía. En realidad, Augusto se había puesto de acuerdo con el lagartijo, cuando me sintió tan intranquila, y así, entre juego y juego, y brinco y brinco, el día se fue siguiéndolos por el balcón, en lugar de preocupándome por lo que quizás vendrá y por lo que no se puede controlar.

Ignorar el problema no ayuda a solucionarlo, pero tampoco ayuda sobre enfocarse en él. Creo que ayuda dar una pausa entre un intento y otro, para venir con más impulso con otra solución. Está más que claro, que vamos a fracasar en muchos intentos, lo importante es llorar la frustración y reírse después, para poder dar los próximos pasos, habiendo dejado la reventada atrás. No sé si lograremos hacer los cambios necesarios para sobrellevar lo que nos espera, pero tampoco tengo seguro que no lo lograremos, y eso me da el rayito de esperanza necesario para enfocarme en hacer mi parte. Solo haciendo mi parte puedo esperar lograr que otros se animen a hacer la suya, y si logro animar a una sola persona, con eso me basta para saber que es posible el cambio.

Te dejo el documental para que lo veas, con la promesa de que justo después de verlo pongas tu película favorita para que te anime, y no te quedes en la impotencia. Ojalá que te ayude a establecer tu plan para poner tu parte, pues es de parte en parte, y de individuo en individuo que se lograrán los grandes cambios necesarios, pues esta tarea nos toca a todos, no existe una persona que pueda lograrlo sola.

3 de mayo de 2020

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Documental: Planet of the humans, Michael Moore

https://www.salon.com/2020/05/01/why-planet-of-the-humans-michael-moores-new-film-about-green-energy-is-so-controversial/