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060 – El Gran Augusto en su casita temporera

    Historia Violeta

    De vez en cuando, salimos a pasear y se nos pierde Augusto. He tomado la costumbre de tomar una foto para no olvidar la historia que me cuenta, una vez lo encuentro…

    Una tarde de mayo del año pasado, me fui a caminar con unos amigos por un bosque de árboles gigantes y rojos. Como no logré llegar a los más gigantes árboles rojos que originalmente quise conocer, y que conoceré otro día, mis amigos me llevaron a conocer a sus hermosos primos, casi tan gigantes como ellos, pero 10 veces más determinados, para mi sorpresa. Andábamos hablando sobre los cambios recientes y contándonos historias, pues ahora ellos viven en California y hay que aprovechar los momentos cuando se tienen. En medio de la conversación, la pequeña Natalita se bajó del lazo, y siguiendo a Augusto se metió dentro de un bultito que tenía mi amiga. Dentro del bultito, había un bebé de la tribu de LENA, era un bebecito, tenía apenas 3 meses de edad y, como era de esperarse, era un Recordador de primera. Se pusieron a jugar, y entre risita y risita y cosquillita y cosquillita andaban, cuando Augusto salió disparado del bultito. La pequeña Natalita se quedó jugando con el bebé de la tribu de LENA, pues jugar con bebés es de sus cosas favoritas en el mundo.

    En el momento no nos dimos cuenta, pero nos habíamos parado frente a un grupo de hongos amarillos de tamaños similares, un poco más grandes que Augusto, que ahora que lo pienso debió parecerme obvio que era una aldea, había tantos hongos tan lindos y bien cuidados juntos, no podía ser otra cosa. Pero bien, una vez mas queda evidenciado lo mucho que nos perdemos de lo que sucede a nuestro alrededor por andar distraidos en conversaciones. Augusto se puso frente a mis pies, frente a la aldea que había reconocido de inmediato, y salió corriendo de la emocion para saludar a sus amigos. Se rieron, se abrazaron, hicieron bailes de felicidad, hace mucho no se veían.

    Para nosotros fueron unos minutos, pero para los duendes el tiempo corre diferente, estuvo allí par de horas jugando y jangueando con los duendes de todos los que estaban en el parque de los árboles gigantes, y con los que allí vivían por el momento, pues los duendes se mudan a cada rato. Allí tuvieron una reunión y hablaron sobre la historia del parque y cómo los árboles llegaron allí, aun no siendo de esa área. Los gigantes árboles rojos corrían peligro allí, pues no era tierra favorable para ellos, habían venido en semillas con unos Olvidadizos, que los separaron de sus primos sin consultar sobre su cuidado primero, y no tenían la más mínima idea de sus necesidades. A veces somos egoístas, solo queremos tener cerca algo lindo que vimos en algún lugar, sin preguntarnos si será lo mejor para el otro. 

    Los duendes de los que sembraron los árboles, al verlos tristes por la pronta muerte de los árboles que habían visto crecer, decidieron hablar con los árboles, para ayudarlos a darles lo necesario. Claro, que pudieron haberlo hecho ellos mismos, cualquiera puede hablar con un árbol si se sienta y escucha con detenimiento, pero como no todos recuerdan eso, se creen incapaces de hacerlo. Los duendes siempre ayudarán si les pides ayuda, así que les contaron lo que dijeron los árboles. Les contaron que sus raíces se habían debilitado, pues el terreno, al ser diferente, no permite que se desarrollen como las de sus primos y que, para colmo, como eran tan lindos todo el mundo se les acercaba y, sin quererlo, les pisaban sus raíces, que ya estaban débiles de por sí. Como los notaban más débiles, más los abrazaban para ayudarlos y darles amor, habían entrado en un clásico círculo vicioso, de terminar dañando más con la buena intención de ayudar. Los árboles decidieron que lo mejor para protegerlos era observarlos en la distancia, y para eso le dijeron a los Olvidadizos que crearan unos caminos, así la gente podía pasar y darles amor sin pisar sus raíces, que estaban y estarían siempre muy débiles, por no ser su área. Y así lo hicieron los Olvidadizos. 

    Augusto se sentó a tomarse su café con sus nuevos y viejos amigos y les contó todo sobre el bebé de la tribu de LENA, y cómo parecía estar destinado a sonreír perpetuamente, de tanto que disfrutaba reír. Todos los duendes trataban emocionados de adivinar a quién ese bebé elegiría como acompañante. A quien acompañarán es lo único que los duendes no saben, pues cada criatura, el día de su cumpleaños número 5 escoge el duende que desean, y aunque a veces parecen estar seguros de a quién escogerán, el día antes o incluso en ese mismo momento, pueden cambiar de opinión. Esa espera es de las cosas que más emocionan a los duendes, pues al recordar todo sobre la Gran Ciencia del Balance, difícilmente quedan cosas que puedan sorprenderlos. 

    Después de acompañar a alguien básicamente toda su vida, pasan 4 años solos antes de ser escogidos de nuevo, y en ese periodo juegan a su antojo, y viven en aldeas como esta. Como ellos no están pendientes a llevar la cuenta del paso del tiempo porque se distraen jugando, no saben cuando llegara el día y aprovechan para visitar a viejos amigos con los cuales quizás no coincidirán otra vez hasta que terminen de acompañar a sus nuevas criaturas.

    Después de hablar un rato, se pusieron en un círculo y entre todos le hablaron al oído a cada visitante sobre la importancia y el procedimiento del cuidado del parque y sus árboles, transmitiendo el poder de recordación con la fuerza que solo se puede lograr haciendo la transmisión desde una aldea de duendes en transición.

    Llegó el momento de irnos a comer, y en eso me di cuenta de que Augusto se había salido del bultito, y por fin me fijé en la aldea que estaba a mis pies. Saludé y me despedí a la misma vez de los amigos de Augusto, y le tomé una foto para inmortalizar el momento, frente a la que, por unos minutos para mi, pero unas horas para él, fue su casita. 

    Brincó al bultito, se despidió una vez más de sus amigos, y antes de que pudiera pensar en cuánto tiempo pasaría sin verlos, estaba entretenido jugando a las risitas y las cosquillitas con el bebé de la tribu de LENA.

    9 – 19 de abril de 2020

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